5 juegos si te gustó
Dead Cells
Dead Cells enganchó porque combinó dos cosas que raramente conviven: el movimiento más fluido del género con la adrenalina de saber que podés perderlo todo. Si terminaste una run y ya querías arrancar la siguiente, estos cinco juegos entienden exactamente eso.
El estándar actual del género. Cada run es corta, fluida y distinta. Morís y la historia avanza igual — los personajes recuerdan lo que pasó, cambian con el tiempo, tienen algo nuevo que decirte. Es el único roguelike donde morir se siente narrativamente satisfactorio.
Un reino subterráneo de insectos enorme, oscuro y hermoso. El mapa se expande hora tras hora. El combate es preciso y exigente. Los jefes son memorables. Y hay un lore tan denso que podés pasarte días buscando piezas que el juego nunca te da directamente.
Construís un mazo mientras escalás una torre. Cada run es diferente porque las cartas que encontrás son distintas y las combinaciones que podés armar son infinitas. El roguelike que hizo que los deckbuilders fueran un género serio.
La secuela del mejor roguelike jamás hecho, en Early Access y ya más grande que el original. Melinoe, hija de Hades, tiene más builds, más personajes con los que hablar y un mapa que se expande en direcciones que el primero no anticipaba. Ya es mejor que la mayoría de los roguelikes completos.
Cada píxel del mundo tiene física simulada. El fuego se propaga, los líquidos fluyen, las explosiones destruyen el terreno. Combinás hechizos de formas que el juego nunca te explica y podés crear algo que lo rompe todo — o que te mata a vos. El roguelike más caótico y original que existe.
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